domingo, 27 de diciembre de 2015

Anaga y los niños

Estos días en Anaga se ha publicado el periódico escolar Anaga Cuenta. Es una iniciativa nacida en 1998, con gran implantación en un territorio singular, donde la escuela y los niños son el ser de ese espacio cargado de naturaleza.

Anaga es mucho más que un parque natural donde ir a pasar el fin de semana; Anaga está cargada de historia y tradiciones, es el resultado de la gestión de los hombres y mujeres que han domesticado una naturaleza dura y ásperas, con sus caminos, caseríos y huertas cultivadas dentro de la masa forestal. 

Anaga es hija del quehacer de sus campesinos de tiempos pasados, pero hoy está abierta a su disfrute por cualquier visitante. Anaga no es un objeto pasivo de naturaleza estática, de rocas moldeadas solo por los vientos alisios: cada laurel y cada brezo, cada berode y bejeque son el fruto de todas las generaciones que han convivido en un territorio domesticado por el hombre.

Los niños son clave para el presente y el futuro de Anaga. Las escuelas, los maestros y las familias que viven allí sufren las dificultades que imponen la topografía y el aislamiento. El futuro de las escuelas y maestros de Anaga está unido al futuro del campo y del mundo rural canario: en los últimos años han cerrado cinco colegios, quedando solo medio centenar de niños.

Anaga está próxima y a la vez lejana. Su evolución demográfica general es más similar al de Garafía o Agulo que al de San Andrés o Valleseco. Anaga tiene hoy graves problemas para armonizar hombre y naturaleza. Hemos de romper las barreras, facilitar la vida de sus habitantes acercándolos a su entorno. No se entienden las insalvables dificultades para reformar una vivienda o limpiar de maleza un cantero aunque sea algunas plantas de flora protegida. Los usos tradicionales son compatibles con la conservación de la naturaleza. Las administraciones deben facilitar la vida, ser claras y sencilla para los que viven y trabajan allí.

En el parque rural de Anaga los campesinos y los niños son especies en peligro de extinción. Anaga no puede ni debe ser un mero lugar de contemplación y esparcimiento, una imagen estática y silenciosa de bellos barrancos: se necesita la alegría de los niños jugando, de la vida en sus pueblos. Anaga no solo es un lugar de riqueza botánica extraordinaria, sino también un lugar vivo, domesticado y gestionado por unos campesinos, con un paisaje único en el mundo. Las papas borrallas, las batatas, los ñames y los frutales son parte indisoluble del patrimonio de Anaga. 

Los niños, los maestros y los campesinos son fundamentales en un territorio singular, donde el hombre y la naturaleza han sabido convivir en una relación rica y fructífera para ambas partes. Luchemos por cambiar una situación triste e injusta, luchemos por lo local y lo pequeño, por lo nuestro. Creemos condiciones para que no se cierren más colegios en Anaga, dignifiquemos el campo y a los campesinos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario